La Coctelera

Silvio Rodríguez, el placer de la vida

El hechizo eterno del Aprendiz de Brujo

30 Septiembre 2007

Mi primera vez: Pepiurko

Mayo de 1981. Aún me quedaban dos años de universidad y esa tarde estaba recostado en aquella vieja cama del piso de estudiantes, con un libro gordo y espeso, porque tenía un examen (faltaría más), mientras afuera hacía sol y la gente paseaba. En aquella época cualquiera me habría podido tirar al suelo con solo soplarme. Demasiado esfuerzo, demasiadas contrariedades y mucha ansia de verano.

Niño listo (62Wx104H) - Este es el niño listo de la clase.

Manolo entró inopinadamente para comunicarme que se iba a un concierto con su novia, y que tenía que acompañarlos porque seguro que me iba a gustar. Venían a Murcia unos cantantes cubanos cuyos nombres me eran totalmente desconocidos, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Al pronto, pensé que serían unos pesados y que mejor me quedaba a estudiar.
Manolo se fue, pero ya no me pude concentrar en la lectura. Delante de mis ojos veía cruzar y hacerme gestos otra vida, otras opciones y otras formas de estar, al margen del aburrido sentido del deber. Dudé diez minutos más hasta lanzarme a la calle en busca de mis amigos. Crucé el puente de hierro sobre el aromático río Segura y los alcancé en la Avenida que aún entonces se llamaba de José Antonio.
Manolo, Pepi y yo. Unos pocos meses antes, en febrero, los tres nos habíamos echado a la calle para ver cómo era un golpe de Estado. Qué inquietante ver la zona de las tascas, junto a la Universidad, vaciándose rápidamente de gente asustada, los bares cerrando a toda prisa y los coches agolpándose en la gasolinera. Nosotros íbamos contracorriente, queríamos saber qué pasaba, qué iba a pasar, y tuvimos el morro de plantarnos en la puerta del Gobierno Militar a hacer las preguntas pertinentes.
Manolo, Pepi y yo. Nos detuvimos en un kiosko donde un grupo de gente estaba escuchando la radio con mucho mosqueo, justo para enterarnos de que al Papa polaco le acababan de descerrajar dos tiros en la plaza del Vaticano. Sí, fue ese día.
El polideportivo estaba a tope de estudiantes, y yo me acomodé a ver qué pasaba, con curiosidad pero sin entusiasmo. Los cubanos aquellos subieron al escenario muy tranquilos, con aquel aspecto suyo cotidiano, incluso humilde, como si fueran compañeros nuestros, un poco mayores y con buena voz, que querían mostrarnos sus pinitos.
Entonces comenzó, y yo simplemente recibí mi par de alas. Como pollo en el nido, no sabía que podía volar, y a partir de esa tarde dejé de estar atornillado al suelo.
Gaviota (110Wx54H) - Volando
Era como si la vida me diera la razón cuando tanto me había empeñado en que la música no se podía reducir al chucuchún en inglés que estaba por todas partes, y cuando tan convencido estaba de que en algún lugar de la Tierra debía existir la música con sentido. Aquello no era un estilo, no era funky, country, bolero, rock, pop, rap ni hip-hop (que entonces no se había inventado, creo). Era música. Cuando el primer hombre compuso la primera canción, debía sonar así. Fue un retorno a la sencillez y a la pureza que me dejó sin palabras.
Yo ya había escuchado, claro está, a Serrat, Aute, Paco Ibáñez, Claudina y Alberto Gambino, Víctor Jara, Mercedes Sosa, y especialmente a mi apreciada Nacha Guevara. Pero esto iba más allá. No era la música que se le pone a una letra que nunca se escribió para ser cantada, como la de Machado. Era distinto, veías que todo había nacido al compás, con la misma inspiración, y que era al mismo tiempo sencillo y grandioso.
Hace dos años dirigí un video clip para un grupo de fusión con mucho talento. En el acto de la presentación pública hice unas confesiones. En mis series documentales he hecho de guionista, productor, director, actor, montador y operador 3D, es decir, lo he hecho casi todo, excepto la música, porque para mí es algo inalcanzable. Cualquier cosa se puede aprender, pero la música además hay que sentirla. Los que son capaces de escribir música tienen algo que no tenemos los demás, están tocados por Dios. Los que son capaces de escribir música como Silvio Rodríguez están a medio camino entre Dios y los hombres, son como los antiguos héroes, solo que en vez de sacudir mamporros rasgan una guitarra.
El significado de sus letras es equívoco. La gente pensaba que se está acercando un día feliz aludía a la revolución, pero él dijo que se refería a una mujer. La gente pensaba que el unicornio azul era alguna especie de estado sutil y delicado de la conciencia, pero él dijo que era la guerrilla escondida en la selva. No tengo la menor idea de lo que significa Te doy una canción, pero es igual, cada vez que la escucho dejo de estar aquí. Su belleza escapa a la razón.
En cambio, sí que entiendo el tema en el que rechaza a los listos que le quieren convencer de que se desmarque de la revolución y se deje querer por el gran capital. Qué acertado contestarles a estos mensajeros negros y sucios con una canción. Me vienen a convidar a que no piense, dice el poeta, y añade, para despejar las dudas: me vienen a convidar a tanta mierda, para terminar con una frase que lo retrata, da la imagen de su altura ética y concentra en cinco palabras toda su honestidad: Yo me muero como viví.
Me dijeron que Silvio Rodríguez se había negado siempre a grabar por alergia a las multinacionales. Suerte que cedió, porque después de aquella tarde compré un disco de vinilo en cuya portada ponía MUJERES, y luego otros. Escuchaba esa música mientras me preparaba los macarrones en la destartalada cocina del ático de estudiantes, el año siguiente. La ponía en mis viajes de fin de semana de Murcia a Aguilas y de Aguilas a Murcia. Me acompañó en el periplo que hice por la sierra de Cazorla, cruzando los arroyos con mi viejo R-7. Mucho después escuchaba a S.R. durante las largas jornadas de trabajo en la mesa de edición, o cuando hacía animación 3D. Y lo más importante: cuando acunaba a mi primera hija, le cantaba Rabo de Nube. Confío en que con el tiempo, cuando un día vuelva a escuchar esa canción, le recuerde algo indefinible y dulce que le llegó cuando estaba en la cuna Emoticono, smilies, gif animado de bebés, niños, nene, nenes, el dancing baby.

Pepiurko (www.lacoctelera.com/idar-dorainn/perfil)


Canción "El necio". Silvio Rodríguez

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Nuriurka

Nuriurka dijo

Pepiurko:

Tu "primera vez" es impactante: sin saber quién era, te lo presentan ¡y te lleva al huerto!!! En fin, se puede decir que ése día te tocó la lotería.

Coincidimos en muuuchas cosas. Lo conociste el mismo año que yo, unos días antes, aunque yo sólo lo vi por la "tele". No lo "consumé" hasta el año siguiente, en el Teatro Victoria de Barcelona. De todas maneras, casi me alegro, ya que no sé si lo hubiera resistido, creo que me fueron bien los prolegómenos ...

Y SÍ, lo has definido perfectamente. Éso es lo que pasa cuando te toca con la varita, ¡que echas a volar!!!. Y ahí te quedas, en el CIELO, para toda la vida.

¿Y tú hija? ¿Cómo lo lleva?

Un abrazo.

30 Septiembre 2007 | 01:04 AM

Anttonella

Anttonella dijo

Hola, pues me alegro mucho que esa primera vez, fuera inolvidable...cuando yo conoci las canciones de Silvio y Pablo...tenia solo 15 años y me resultaban insoportables...sin embargo apenas entre en la Universidad, comence a escucharlos y hasta hoy forman parte de mis favoritos...Me gusta mucho la canción que has puesto...y muchas más...pero seria muy largo....

Un beso

30 Septiembre 2007 | 03:13 PM

Teriurka

Teriurka dijo

Antonella

No importa que sea largo.

Muchos grandes amores empiezan así: viejos e insufribles conocidos de la infancia o adolescencia que finalmente se "consuman".

Así que, por favor, compártelo con nosotros que es de lo que se trata.

30 Septiembre 2007 | 10:19 PM

trovadorhp

trovadorhp dijo

a mi hermana le cantaba la fabula de los tres hermanos ...

2 Octubre 2007 | 08:32 AM

Teriurka

Teriurka dijo

Harriurko!!!!!!!!!!!:

Por fin. Qué alegria poder compartir otra vez contigo. Esperamos alguna foto de tu larga ausencia, eh.

Pepiurko:

Me ha encantado tu primera vez. Es verdaderamente emocionante saber cómo la varita nos ha ido tocando a cada uno de nosotros. Y sí, dejar de estar atornillado a suelo, es un verdadero estado de gracia.
Mis niños me han oído cantar (y sobre todo oído directamente al mago) prácticamente todas las canciones. Imagínate que uno de ellos
-Gerardurko- ha elegido como canción para pertenecer al club Urka, nada menos que "El necio". Eso de "yo me muero como viví", lo trae de cabeza"; y lo ha acabado de asimilar perfectamente este año cuando ha viajado por primera vez a la patria de Silvio.

Un abrazo.

2 Octubre 2007 | 06:50 PM

Laiaurka

Laiaurka dijo

Una vida llena de experiencias, incluída la primera vez con Silvio. Es muy entrañable compartir con todos vosotros estas sensaciones.

Abrazos.

2 Octubre 2007 | 08:41 PM

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Somos las Ex-Vírgenes Inéditas de Occidente: Nuriurka, Teriurka, Oliviurka, Marijoseurka y Visiurka, dos catalanas y tres andaluzas (o cinco gallegas, que no es lo mismo, pero es igual), que queremos a Silvio desde nuestra más tierna infancia y juventud. Su voz, su magia, sus ojos, su boca, sus manos, sus ideas, su poesia, sus canciones, su guitarra y SUS PECTORALES nos han guiado a lo largo de la vida. Con él aprendemos, disfrutamos, bromeamos, reímos, temblamos, soñamos y fantaseamos ...

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