Mi primera vez: Luciurka
Silvio me pasó por la vida cuando apenas era una niña a mediados de los setentas. Mi hermano mayor solía escuchar Radio Habana Cuba en una radio de onda corta viejita que él tenía como si fuera un tesoro. En caso no sólo se oían canciones de Silvio sino de Vicente Feliú, de Noel Nicola, de Sara González y de otros de la "nueva trova". A Silvio lo escuché por primera vez a través de Sara González en su versión de Querer tener riendas. Lo empezé a cantar de niña y después a los once años cuando me "enredé" con un muchacho "algo mayor que yo" empezé a escuchar Unicornio mucho, mucho. Una de las canciones que más cantábamos con mi muchacho era El sol no da de beber.
Luego empezé a quedar más y más "hechizada" como ustedes cuentan. Estamos hablando de principios de los ochenta. Y de pronto como para que el hechizo fuera aún mayor resulta que a Silvio se le ocurrió ir de gira con Santiago Feliú por mi país.
Y yo que siempre me pongo en planes imposibles pensé que quería saludar a Silvio y llevarle unas margaritas recogidas por mí misma por los jardines de mi barrio.
Se llegó el primer día de concierto y allí estaba yo parada en la puerta por la que entran los artistas a los teatros. Allí estuve yo esperando casi una mañana entera a ver si se aparecía Silvio. Al fin apareció un técnico de sonido y yo pude entrar al teatro, pero ya allí en el teatro no se veía ningún Silvio por ningún lado. Había un montón de músicos, pero Silvio no andaba allí... Sin embargo con una paciencia como de guayaba me quedé la mañana y la tarde entera a esperar y a hablar, claro, con algunos músicos de la orquesta que lo acompañaba en ese entonces, Afrocuba. Al final cuando ya estaba perdiendo las
esperanzas ví que entró un muchacho así con mucho desparpajo y me saludó y yo no sabía quién era (luego supe que era Santiago Feliú) y después apareció Silvio que estaba enojado por algún "desbarajuste" de carácter técnico.
Yo casi no lo reconocí porque tenía el dichoso bigote del que han hablado ustedes en este blog (tambíen llevaba puesta una gabardina y su guitarra en la mano, claro!). Yo no sé que sentí en el estómago y en todo el cuerpo. Pensé que lo mejor sería esperar un poquitín más a ver si le pasaba el enojo y yo me atrevía a saludarlo. Al final me atreví y con una voz que casi no quería salir le dije que sólo quería saludarlo y que traía unas margaritas para él. Él me miró con una ternura infinita y me dió las gracias. Ya en la calle y caminando para coger el bus de vuelta a casa sentía que volaba...
Luciurka





Nuriurka dijo
Luciurka:
¡Pues sí que tuviste valor! Yo de jovencita nunca me atreví a acercarme a él, y mira que tuve algunas ocasiones. Pero me quedaba paralizada ... ¡Lo veía tan "grande" a mi lado ...! Por suerte, de madurita, me estoy espabilando.
Las flores seguro que le encantaron ya que sus hijas llevan nombre de flores, y además, su casa últimamente la tiene INVADIDA ...
Y en cuanto al bigote, propongo una misión para todas las militantes del Club Urka. Llevar siempre en el bolso una cuchilla de afeitar, por si se nos presenta la ocasión y podemos quitárselo cuando se lo vuelva a dejar.
Tu primera vez fue maravillosa, te felicito.
Besos
16 Noviembre 2007 | 10:10 PM